Hay seres que se ganan toda nuestra confianza desde el momento mismo en que los conocemos. Le pasó al reportero de The New York Times Eli Tan, cuando se encontró por primera vez con el que iba a ser su nuevo asistente, que respondía al simpático apodo de Wren, el nombre de un pajarillo marrón que en español se llama chochín. “Hola, Wren”, recuerda que le dijo. “Hola, Eli, ¿qué puedo hacer por ti?” El caso es que podía hacer de todo, en cuanto Eli confió en él lo suficiente para concederle el manejo de su tarjeta de crédito, su número de cuenta bancaria, sus variadas contraseñas de internet, esas que todos olvidamos nada más establecerlas. La vida está llena de complicaciones grandes y pequeñas, de pejigueras, de tiempos muertos al teléfono esperando a que una musiquilla infame dé paso a una voz aproximadamente humana. Justo en esas tareas Wren unía la eficacia a la paciencia, y hasta un grado encomiable de iniciativa personal. Eli le mandó la foto de una multa de aparcamiento y Wren se encargó de pagarla de inmediato, consiguiendo así que su importe se redujera a la mitad. ¿Quién en el máximo de su juventud profesional tiene tiempo de revisar uno por uno los cargos de pagos, a veces ínfimos, de la cuenta corriente? Cumpliendo instrucciones de Eli, Wren fue repasando, como un meticuloso contable, las listas de los pagos de su jefe, descubriendo que algunos estaban duplicados, y que podía recuperar, con una sencilla gestión, los 49,99 dólares que a Eli no le habían devuelto por el primer mes de una suscripción gratuita que luego, por despiste, no había confirmado. Seguir leyendo