Jesse Eisenberg frena su chorro de discurso (Queens, Nueva York, 42 años) y recuerda: “Nunca he perdido el control encarnando a un personaje en el cine. Ahora bien, estaba en la escuela de interpretación y un profesor me empujó, me empujó en una historia catártica, y acabé llorando, gritando... Llegué demasiado lejos. Y pensé que jamás volvería a dejar que me pasara”. Ese descarrilamiento es el que sufre Julianne Moore en el tercer largo que dirige Eisenberg, The Debut, la comedia con la que compite en el festival de San Sebastián y con la que Moore ha entrado en las quinielas de los Oscar. Seguir leyendo