Todos pudimos verlo. En torno a la una de la tarde de este miércoles, Maricarmen, una madrileña de 87 años, abandonó la vivienda en la que había pasado su vida. Pero no por decisión propia. La desahuciaron al no poder hacer frente al nuevo precio del alquiler impuesto por los propietarios de su casa. Maricarmen llevaba ocho años luchando por quedarse en su piso y, al cuarto intento de desahucio, han conseguido echarla. No es un caso aislado; le ocurre cada día a medio centenar de familias. De hecho, este viernes estaba previsto el desahucio de una persona vulnerable en Tenerife y mañana cualquiera puede estar en ese lugar si no se pone freno a la crisis de la vivienda. Las imágenes de Maricarmen saliendo en camilla de su hogar, las de las concentraciones o las de la violencia policial para disolver a quienes protestaban son el reflejo de que el sistema ha fracasado. Seguir leyendo